La humanidad esta pasando por una de sus grandes crisis evolutivas.
En la actualidad, el futuro plantea dos posibilidades. Una, la de destruirse obsesiva y erróneamente, como tristemente lo comprobamos a diario. La otra, la de afirmar la necesidad de aprender a construir un mundo, en el que cada ser humano, se vaya capacitando, para cooperar, participar y complementar sus distintas experiencias, pero de manera consciente y responsable de los resultandos positivos que se vayan elaborando.
Hasta ahora la idea predominante fue tener en cuenta a la sociedad. Pero esta vez, el principal protagonista, es el ser humano. Está cansado de acatar, como algo inevitable, con resignación y conformismo místico, ser destruído o destruir, o esperar e intentar crear un "mundo mejor y más humano", con rebeldía filosófica e ideal, pero no capacitarse de manera humana y razonable para logralo.
Quizá todavía, esta necesidad emocional angustiante de tratar de "armonizar", y "regular" es estrés que altera continuamente la vida de todas las sociedades y de sus componentes, aún cuando sea "captada", no encuentra un "código conceptual" para expresarse. Para realizar más que idealizar. Para construir más que para soñar. Para comenzar a desarrollar un sentimiento humanizante y comunitario. Para superar el empleo conformista de un optimismo idealizado. Para superar el empleo resignado de un pesimismo generado por constantes frustraciones, decepciones y fracasos. Para superar el creer y esperar dócilmente. Para superar el descreimiento que impulsa a la violencia, llevado por un instinto de conservación frente al constante crecimiento de ella.
Para comenzar a crear con sentimiento, como fue el inicio de la existencia del individuo humano, desde el fondo esencial y sensible, más que continuar rivalizando y compitiendo empleando todo tipo de resentimientos (odios, rencores, deseos de venganza, desprecios), aunque se lo quiera disimulaar con un lenguaje intelectual cargado de promesas que no se cumplen.
Para que al desarrollar el respeto a la vida del ser humano, se logre controlar los instintos animales, impulsivos, biológicos y genéticos. Para aprender con ello, a controlar sus pasiones. Para aprender a corregir el accionar social equívoco e ignorante, que hace de las pasiones, o un monstruoso dios pagano, o una seductora sacerdotiza a quien adorar.
Para afirmar en ese control, el empleo de los sentimientos verdaderos que construyen y "reducir" las pasiones que al ser estimuladas para descontrolarse, inevitablemente destruyen.
Para superar al capacitar al ser humano para que demuestre su potencial creativo con hechos, más que seguir fantaseando con los conceptos de espíritu y de alma, insuficientes en la actualidad, por ser "infantiles" y "mágicos". Para comenzar a comprender, que estos conceptos, inconsciente e irresponsablemente, han ocultado lo que realmente son: estados emocionales con diferentes grados de alteración.
Para comenzar a comprender, que es una fantasía intentar hoy corregir, con la instrucción que se enseña (intelectualmente) y con la educación (conque se reacciona a esa instrucción), el estado de angustia que origina una preocupación, o el estado depresivo que genera una frustración.
Para comprender con lógica humana, que lo que anima al ser humano en su verdadera profundidad, como parte de toda la energía existente en el universo infinito, es el sentimiento humano (eterno y trascendente), por ser parte de la energia del universo, con la que se creó al individuo humano.
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